lunes, 3 de octubre de 2011

"el nuevo antisocial"


lesionado tremendamente en su psiquis porque cuando niño presenció el espectaculo brutal de la tragedia, el antisocial joven es el fruto peor de la violecia que todos preparamos para el mal de Colombia. Es el desposeído, el huérfano; el pariente, el hermano o el hijo de la mujer violada. Es la promoción adolescente del odio incontrolable, irracional, feroz. Es la generación del monte, la de relevo, a la cual seguirán todavia otras generaciones de sádicos brutales, sanguinarios, decepcionados, torturados, insatisfechos y frustrados. 

CAMPESINO


Sobre el panorama geográfico y sobre la amalgama étnica, surgió un hombre excepcionalmente bueno en la base de la estratificación social, conformada por el labriego sencillo, heroico, sumiso y abnegado, no se podría estrechar mano más honrada que la de un campesino colombiano. El sol de su cielo lo asaeteaba de luz y se ponía una rara transparencia en las pupilas, por donde se asomaba toda la honestidad de su espíritu. A la tierra feraz, próvida, maternalicia, se unía con obstinado amor y le rendía tributo de devoto culto. Por eso le revolvía la entraña con su afecto. La tomaba con sus manos como a una niña y ella, lo adoraba con fragancia de seno virgen, sembrado de promesas. Por todos los caminos se podía deambular seguro, a sabiendas de que toda casa era templo donde el huésped se sentía acogido con la prodiga generosidad que suele dispensar la pobreza.

A este hombre primitivo y descomplicado no llegaban influencias mentales distintas a las de la iglesia católica y a las de los políticos a través de gamonales y caciques, en cuanto a letras y sabidurías no iba mas allá de los rudimentos aprendidos en la escuela rural. Es fácil vislumbrar que en el agro crecían las gentes bajo un híspido fanatismo político-religioso por carecer de otras alternativas culturales. Pero nunca recibió beneficios positivos de ninguno de los partidos: no lo capacitaron para un decoroso ejercicio de la actividad cívica; no le facilitaron el acceso a los medios necesarios para el aprendizaje técnico; no se realizaron planes eficaces de vivienda rural y en vastas zonas no se pasó de una agricultura de autoconsumo. 

Fue así como la población analfabeta fluctuó entre el índice del 44 al 46%; y cómo en 1965, un millón ochenta y seis mil niños campesinos quedaron sin escuela; y cómo una ínfima minoría usufructúa casi la mitad del ingreso nacional; y cómo el 68% de las casas campesinas tiene piso de tierra, el 92% carece de  agua y el 95.8% no dispone de luz eléctrica; y cómo el 3.6% de propietarios posee el 64.2% de la superficie agrícola mientras del 56%, o sea el campesinado, dispone apenas del 4.2% del área cultivable.
EL CAMPESINO HA SIDO LA VICTIMA SEMPITERNA DE LA VORACIDAD DE LOS POLITIQUEROS Y LOS LATIFUNDIASTAS , LOS CUALES NO HAN HECHO OTRA COSA QUE EXPLOTARLO.