Sobre el panorama geográfico y sobre la amalgama étnica, surgió un hombre excepcionalmente bueno en la base de la estratificación social, conformada por el labriego sencillo, heroico, sumiso y abnegado, no se podría estrechar mano más honrada que la de un campesino colombiano. El sol de su cielo lo asaeteaba de luz y se ponía una rara transparencia en las pupilas, por donde se asomaba toda la honestidad de su espíritu. A la tierra feraz, próvida, maternalicia, se unía con obstinado amor y le rendía tributo de devoto culto. Por eso le revolvía la entraña con su afecto. La tomaba con sus manos como a una niña y ella, lo adoraba con fragancia de seno virgen, sembrado de promesas. Por todos los caminos se podía deambular seguro, a sabiendas de que toda casa era templo donde el huésped se sentía acogido con la prodiga generosidad que suele dispensar la pobreza.
A este hombre primitivo y descomplicado no llegaban influencias mentales distintas a las de la iglesia católica y a las de los políticos a través de gamonales y caciques, en cuanto a letras y sabidurías no iba mas allá de los rudimentos aprendidos en la escuela rural. Es fácil vislumbrar que en el agro crecían las gentes bajo un híspido fanatismo político-religioso por carecer de otras alternativas culturales. Pero nunca recibió beneficios positivos de ninguno de los partidos: no lo capacitaron para un decoroso ejercicio de la actividad cívica; no le facilitaron el acceso a los medios necesarios para el aprendizaje técnico; no se realizaron planes eficaces de vivienda rural y en vastas zonas no se pasó de una agricultura de autoconsumo.
Fue así como la población analfabeta fluctuó entre el índice del 44 al 46%; y cómo en 1965, un millón ochenta y seis mil niños campesinos quedaron sin escuela; y cómo una ínfima minoría usufructúa casi la mitad del ingreso nacional; y cómo el 68% de las casas campesinas tiene piso de tierra, el 92% carece de agua y el 95.8% no dispone de luz eléctrica; y cómo el 3.6% de propietarios posee el 64.2% de la superficie agrícola mientras del 56%, o sea el campesinado, dispone apenas del 4.2% del área cultivable.
EL CAMPESINO HA SIDO LA VICTIMA SEMPITERNA DE LA VORACIDAD DE LOS POLITIQUEROS Y LOS LATIFUNDIASTAS , LOS CUALES NO HAN HECHO OTRA COSA QUE EXPLOTARLO.